Geschrieben von: hdieterich Sonntag, den 06. April 2008 um 21:59 Uhr
Las reformas que el Comandante Raúl Castro ha comenzado a implementar llevan la característica impronta de su personalidad: pragmático, enérgico y consecuente. Su contenido se resume en tres grandes programas:
La crisis endógena: relaciones de producción y participación ciudadana
Los enormes problemas que tienen que resolverse en poco tiempo en Cuba, resultan de tres factores:
El agotamiento estructural del modelo, que comenzó a manifestarse a mediados de los ochenta, tuvo dos componentes principales. En lo económico se exteriorizó en parámetros como: la obsolescencia tecnológica; el enorme atraso en la informática, los transportes y la infraestructura; la ineficiencia industrial; la creciente deuda externa y la improductividad agrícola. En lo político, la excesiva centralización del poder y la falta de participación democrática de la población bloquearon todo mecanismo de innovación desde abajo. Con esa falta de participación democrática el sistema perdió su capacidad de adaptación que, en consecuencia, llevó al colapso de la mayoría de los Estados del socialismo histórico.
La clave de la reforma económica: las relaciones de producción
China escapó del cataclismo mediante un cambio cualitativo en las relaciones de producción, adaptando su sistema a las nuevas condiciones mundiales mediante la introducción de mecanismos de la economía de mercado e inspiraciones de la Nueva Política Económica (NEP), de Lenin. Los países capitalistas, que pasaron por una crisis de acumulación semejante a la de los socialistas en los años setenta, superaron la crisis estructural del sistema con el mismo mecanismo: sustituyeron las relaciones de producción del capitalismo keynesiano y del Estado de Bienestar con aquellas, que hoy día se llaman “neoliberalismo”. Esta es la encrucijada ante la cual se encuentra Cuba hoy día: ¿Qué rumbo debe darle a las relaciones de producción heredadas de los primeros cincuenta años del proceso?
El discurso oficial y las dos soluciones estratégicas
El discurso oficial acerca de los problemas económicos de la isla ha enfatizado los dos factores exógenos. Esta estrategia discursiva fue políticamente entendible, pero contribuyó de hecho a la perpetuación de las disfuncionalidades internas del sistema. Éstas pueden resumirse con dos teoremas de Marx:
Ante este problema había dos vías de acción: profundizar las relaciones de producción hacía el lado del socialismo histórico, mediante la conversión de las empresas del Estado en cooperativas y la introducción de mecanismos de participación económica real de los trabajadores (cogestión, autogestión), tal como fue el deseo de sectores de „izquierda“ en Cuba, o su apertura hacia las relaciones de producción del modelo británico-alemán-japonés-tigres asiáticos-chino, es decir, el desarrollismo de la economía de mercado.
Las dos alas del dragón criollo
Todo
economista sabe que las dos variables claves de las relaciones de
producción son la propiedad y los precios. La propiedad, porque normativiza el acceso legal
al plusproducto y a la determinación de los precios, y éstos,
porque son el principal factor determinante de las decisiones
económicas. Raúl, bien asesorado y rompiendo los tabúes
del debate, atacó el problema a través de esas
variables, con tres decisiones audaces: a) devolverle,
tendencialmente, al precio su función de coordinador
cibernético de la economía, rectificando precios
administrativos absurdos; b) entregar tierras ociosas en usufructo a
productores privados y sociales y, c) estimular la gratificación
material y permitir el libre consumo – “libre”, según
la capacidad adquisitiva, como en toda economía de mercado – de artefactos electrónicos, como computadoras y celulares.
¿Cuba será otra China?
No hay duda, de que las tres medidas audaces significan la ruptura con las relaciones de producción anteriores y su modelo de gestión y filosofía. Como tales tendrán profunda repercusión sobre todas las facetas subjetivas y objetivas del sistema cubano y de la vida de sus ciudadanos. Su trascendencia es tal, que se pueden comparar a la Nueva Política Económica (NEP) de Lenin y las primeras reformas de Deng Xiaoping, en China.
Históricamente,
el desarrollismo británico-alemán-japonés-tigres
asiáticos, ha terminado siempre en el capitalismo avanzado, y
es muy probable que en China suceda lo mismo. ¿Significa la
decisión del nuevo gobierno cubano por la NEP y el
desarrollismo, por lo tanto, que Cuba terminará también
en la civilización burguesa actual? Esa es, obviamente, la
preocupación de la carta de Fidel a la UNEAC, y la
preocupación de todos nosotros, que hemos sido solidarios con
la Revolución durante los últimos treinta años.
¿Caerá Cuba en el agujero negro del
capitalismo mundial?
Para decidir la interrogante acerca del futuro capitalista o socialista de Cuba hay que diferenciar algunas variables claves.
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